17 de mayo de 2018

Teoría de la compuerta o “Gate Control Theory”

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La teoría de la compuerta o “gate control theory” en inglés, resalta la importancia del cerebro en la percepción del dolor, consistiendo básicamente en que la presencia de un estímulo no doloroso que bloquea o disminuye una sensación dolorosa.

El dolor no es agradable, pero es necesario para nuestra supervivencia. Funciona avisando al individuo de que existe un peligro para su cuerpo o su salud, con el objetivo de que se interrumpa la causa de ese dolor para mantener la integridad del organismo.

teoria de la compuerta
Por ejemplo, el dolor es lo que hace que retires la mano del fuego si te estás quemando, o que mantengas quieta una parte de tu cuerpo para que se recupere a través de reposo. Si no sintiéramos dolor, podríamos hacernos daños graves sin darnos cuenta.
Sin embargo, hay momentos en los que el dolor no es adaptativo, como en una intervención quirúrgica o en un parto, por ejemplo.
Al igual que nos puede ocurrir que la sensación de dolor puede parecernos más o menos intensa según varios factores, como la interpretación cognitiva que le demos: no es lo mismo el dolor que sientes si alguien te ha hecho daño intencionadamente al que sientes cuando te han pisado o empujado por accidente.
Por lo tanto, esto demuestra que el dolor puede ser algo subjetivo y multidimensional, pues muchas partes del cerebro participan en construirlo, conteniendo los siguientes aspectos: cognitivos, sensitivos, afectivos y valorativos.
Esta teoría fue desarrollada en 1965 por Ronald Melzack y Patrick Wall. Constituye la contribución más revolucionaria en la comprensión de los mecanismos del dolor, basada en mecanismos neuronales. Esto produjo que se aceptara que el cerebro es un sistema activo que selecciona, filtra y transforma los estímulos del ambiente.
Cuando se propuso esta teoría, se recibió con gran escepticismo. Sin embargo, la mayoría de sus componentes siguen utilizándose en la actualidad.
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Sistemas involucrados en la teoría de la compuerta

La teoría de la compuerta proporciona una explicación de base fisiológica para el procesamiento del dolor. Para ello, hay que centrarse en el complejo funcionamiento del sistema nervioso, que contiene dos divisiones principales:
– El sistema nervioso periférico: que son las fibras nerviosas que existen en nuestro cuerpo, fuera del cerebro y de la médula espinal, e incluye nervios en la columna lumbar, en el torso y las extremidades. Los nervios sensoriales son los que transportan información sobre el calor, frío, presión, vibración y por supuesto, dolor a la médula espinal desde las distintas partes del cuerpo.
– El sistema nervioso central: que abarca la médula espinal y el cerebro.
Según la teoría, la experiencia de dolor va a depender del funcionamiento e interacción de estos dos sistemas.
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Antecedentes: teoría de la especificidad, teoría de la intensidad y teoría del patrón periférico

– Teoría de la especificidad: después de un daño en nuestro cuerpo, las señales de dolor aparecen en los nervios circundantes a la zona perjudicada, viajando hacia los nervios periféricos hasta la médula espinal o el tronco cerebral, y luego, hasta nuestro cerebro que va a darle sentido a esa información.
Esto correspondería con una teoría anterior a la teoría de la compuerta, llamada teoría de la especificidad del dolor. Esta teoría defiende que existen unas vías especializadas para cada modalidad somatosensorial. Así, cada modalidad tiene un receptor específico y está vinculada a una fibra sensorial que responde ante un estímulo concreto.
Según explican Moayedi y Davis (2013), estas ideas han ido surgiendo a lo largo de miles de años y finalmente se demostraron de manera experimental, considerándose oficialmente como una teoría en el siglo XIX por fisiólogos de Europa Occidental.
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– Teoría de la intensidad: esta teoría se ha postulado en diferentes momentos de la historia, pudiendo establecerse a Platón como su precursor; ya que éste consideraba el dolor como la emoción que surge después de un estímulo más intenso de lo normal.
Poco a poco y a través de distintos autores en la historia, se ha ido llegando a la conclusión de que el dolor parece asociarse con un efecto sumatorio de estímulos: la estimulación repetida, aunque sea de estímulos poco intensos al igual que una estimulación muy intensa que pasa del umbral, producen dolor.
Goldscheider fue quien definió los mecanismos neurofisiológicos para describir esta teoría, añadiendo que esa sumación se iba reflejando en la sustancia gris de la médula espinal.
– Teoría del patrón periférico: esta teoría difiere de las dos anteriores, y fue desarrollada por J.P. Nafe (1929), afirmando que cualquier sensación somatosensorial se produce por un patrón particular de disparos neuronales. Además, los patrones de activación de las neuronas espaciales y temporales determinarían qué tipo de estímulo es y que intensidad tiene.
La teoría de la compuerta, recoge diferentes ideas de estas teorías anteriores de la percepción del dolor y añade elementos nuevos que veremos a continuación.

¿Cómo es el mecanismo de la teoría de la compuerta?


La teoría de la compuerta propone que, cuando nos lesionamos o golpeamos alguna parte del cuerpo…
– Participan dos tipos de fibras nerviosas en la percepción: las fibras nerviosas finas o de pequeño diámetro, que se encargan de transmitir el dolor (denominándose nociceptivas) y que no están mielinizadas; y las fibras nerviosas grandes o mielinizadas, que participan en la transmisión de información táctil, de presión o vibratoria; y que no son nociceptivas.
Aunque si las clasificamos por nociceptivas o no nociceptivas, en el primer grupo entrarían las llamas fibras nerviosas “A-Delta” y las fibras “C”, mientras que las que no transmiten dolor son las “A-Beta”.
– Asta dorsal de la médula espinal: la información que llevan estos dos tipos de fibras nerviosas van a llegar a dos lugares del asta dorsal de la médula espinal: las células transmisoras o células T de la espina dorsal, que son las que transmiten señales de dolor al sistema nervioso central; y las interneuronas inhibitorias cuya tarea es bloquear las acciones de las células T (es decir, bloquear la transmisión del dolor).
– Cada fibra tiene una función: de esta manera, las fibras nerviosas finas o grandes activan las células transmisoras que van a transportar la información a nuestro cerebro para interpretarla. Sin embargo, cada tipo de fibra nerviosa tiene una función diferente en la percepción:
  • Las fibras nerviosas finas bloquean las células inhibidoras, y por lo tanto al no inhibir, permiten que se propague el dolor; lo que se define como “abrir la puerta”.
  • No obstante, las fibras nerviosas gruesas mielinizadas activan las células inhibidoras, haciendo que la transmisión del dolor se suprima. Esto se denomina “cierre de la compuerta”.
En definitiva, cuanta más cantidad de actividad tengan las fibras grandes comparadas con las fibras finas sobre la célula inhibidora, la persona percibirá menos dolor. De forma que la diferente actividad de las fibras nerviosas va a competir por cerrar o abrir la compuerta.
En cambio, cuando se alcanza cierto nivel crítico de actividad de las fibras finas o de pequeño diámetro, se activa un sistema de acción complejo que se manifiesta como una experiencia de dolor, con sus patrones de comportamiento típicos como la retirada o alejamiento del estímulo doloroso.
Además, el mecanismo de la espina está influido por impulsos nerviosos que llegan del cerebro. De hecho, existe una zona del cerebro que se encarga de disminuir la sensación de dolor, y es la sustancia gris periacueductal o central, que se encuentra alrededor del acueducto cerebral del mesencéfalo.
Cuando esta área se activa, el dolor va desapareciendo al tener consecuencias en las vías que bloquean las fibras nerviosas nociceptoras que llegan a la médula espinal.
Por otra parte, este mecanismo puede ocurrir por un proceso directo, es decir, desde el lugar donde se ha producido el daño directamente hasta el cerebro. Se produce por un tipo de fibras nerviosas gruesas y mielinizadas, que transmite rápidamente al cerebro información de dolor intenso.
Se diferencian de las fibras finas no mielinizadas en que estas últimas transmiten dolor más lentamente y de forma mucho más duradera. Además, también se activan receptores opioides de la médula espinal, asociados con analgesia, sedación y bienestar.
Así, poco a poco nuestro cerebro va determinando qué estímulos debe ignorar, regulará el dolor percibido, ajustará su significado, etc. Ya que, gracias a la plasticidad cerebral, la percepción del dolor es algo que puede modelarse y ejercitarse para disminuir sus efectos cuando no son adaptativos para la persona.

¿Por qué nos frotamos la piel después de un golpe?

La teoría de la compuerta puede ofrecernos una explicación de por qué nos frotamos una zona del cuerpo después de haber recibido un golpe en ella.
Parece que, tras una lesión se desencadenan los mecanismos ya descritos produciéndose una experiencia de dolor; pero cuando se frota la zona afectada se empieza a sentir alivio. Esto se produce porque se activan las fibras nerviosas grandes y rápidas, llamadas A-Beta.
Éstas envían información sobre el tacto y la presión, y se encargan de activar las interneuronas que eliminan las señales de dolor transmitidas por las otras fibras nerviosas. Esto sucede porque al activarse la médula espinal los mensajes van directamente a varias áreas cerebrales como el tálamo, el mesencéfalo y la formación reticular.
Además, algunas de estas partes involucradas en recibir sensaciones de dolor también participan en la emoción y la percepción. Y, como dijimos, hay áreas como la sustancia gris periacueductal y el núcleo magno del rafe, que se conectan a la médula espinal de nuevo cambiando la información presente y reduciendo por tanto el dolor.
Ahora parece tener sentido por qué los masajes, el calor, las compresas frías, la acupuntura o la estimulación eléctrica transcutánea (TENS) pueden ser métodos que alivian el dolor.
Este último método está basado en la teoría de la compuerta y es uno de los instrumentos más avanzados para la gestión del dolor. Su función es estimular eléctricamente y de manera selectiva las fibras nerviosas de gran diámetro que anulan o reducen las señales de dolor.
Se utiliza ampliamente para paliar el dolor crónico que no mejora con otras técnicas como la fibromialgia, la neuropatía diabética, el dolor por cáncer, etc. Es un método no invasivo, de bajo coste y sin síntomas secundarios como pueden tener los fármacos. No obstante, existen dudas sobre su eficacia a largo plazo y hay casos en los que parece que no es efectivo.
Parece ser, entonces, que la teoría de la compuerta no contempla toda la complejidad que representa en realidad los mecanismos subyacentes del dolor. Aunque ha contribuido de forma importante para desarrollar estrategias de manejo del dolor.
Actualmente se están publicando nuevas investigaciones que añaden componentes nuevos a esta teoría, refinando su mecanismo.

Factores que influyen en la Teoría de la Compuerta

Existen ciertos factores que van a determinar la concepción de las señales del dolor en cuanto a la abertura o cierre de la compuerta (que el dolor llegue al cerebro o no). Estos son:
– La intensidad de la señal de dolor. Esto tendría una finalidad adaptativa y de supervivencia, pues si el dolor es muy fuerte avisaría de un gran peligro para el organismo del individuo. Entonces este dolor es difícil que sea paliado por la activación de las fibras no-nociceptivas.
– La intensidad de otras señales sensoriales como la temperatura, tacto o presión si se dan en el mismo sitio del daño. Es decir, si existen estas señales y son lo suficientemente intensas, el dolor se va a percibir de forma más leve a medida que las otras señales ganan en intensidad.
– El mensaje del cerebro por sí mismo (para mandar señales de que se está produciendo un dolor o no). Esto está modulado por la experiencia previa, cogniciones, estado de ánimo, etc.
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Referencias

  1. Deardorff, W. (11 de marzo de 2003). Modern Ideas: The Gate Control Theory of Chronic Pain. Obtenido de Spine-health
  2. Gate Control Theory. (s.f.). Recuperado el 22 de julio de 2016, de Wikipedia
  3. Hadjistavropoulos, T. & Craig, K.D. (2004). Pain: Psychological Perspectives. Psychology Press, Taylor & Francis Group: New York.
  4. Moayedi, M., & Davis, K. (n.d). Theories of pain: from specificity to gate control. Journal Of Neurophysiology, 109(1), 5-12.
  5. Pain and Why It Hurts. (s.f.). Recuperado el 22 de julio de 2016, de University of Washington
  6. The gate control theory of pain. (1978). British Medical Journal, 2(6137), 586–587.
  7. Wlassoff, V. (23 de junio de 2014). Gate Control Theory and Pain Management. Obtenido de BrainBlogger.
Cinta Martos Silván
Licenciada en Psicología (Universidad de Huelva). Cursando Máster en Estudios Avanzados en Cerebro y Conducta de la Universidad de Sevilla.
https://www.lifeder.com/teoria-de-la-compuerta/

16 de mayo de 2018

Mitos sobre el suicidio

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Los mitos son criterios culturalmente aceptados y entronizados en la población que no reflejan la veracidad científica pues se trata de juicios de valor erróneos con respecto al suicidio, a los suicidas y a los que intentan el suicidio, que deben ser eliminados si se desea colaborar con este tipo de personas. Con cada mito se intentan justificar determinadas actitudes de quienes los sustentan, las que se convierten en un freno para la prevención de esta causa de muerte.
Existen muchos mitos con respecto al suicidio, los suicidas y quienes lo intentan, pasemos a enunciar algunos de ellos, no todos, desde luego.

Criterios científicos para poder hacer efectiva su ayuda en prevenir el suicidio

1. Mito: El que se quiere matar no lo dice.
Este es un criterio equivocado pues conduce a no prestar atención a las personas que manifiestan sus ideas suicidas o amenazan con suicidarse.
Realidad: De cada diez personas que se suicidan, nueve de ellas dijeron claramente sus propósitos y la otra dejó entrever sus intenciones de acabar con su vida.
2. Mito: El que lo dice no lo hace.
Criterio equivocado ya que conduce a minimizar las amenazas suicidas las que pueden ser consideradas erróneamente como chantajes, manipulaciones, alardes, etc.
Realidad: Todo el que se suicida expresó con palabras, amenazas, gestos o cambios de conducta lo que ocurriría.
3. Mito: Los que intentan el suicidio no desean morir, sólo hacen el alarde.
Criterio equivocado porque condiciona una actitud de rechazo a quienes intentan contra su vida, lo que entorpece la  ayuda que estos individuos necesitan.
Realidad: Aunque no todos los que intentan el suicidio desean morir, es un error tildarlos de alardosos, pues son personas a las cuales les han fracasado sus mecanismos útiles de adaptación y no encuentran alternativas, excepto el intentar contra su vida.
4. Mito: Si de verdad se hubiera querido matar, se hubiera tirado delante de un tren.
Criterio equivocado que refleja la agresividad que generan estos individuos en quienes no están capacitados para abordarlos.
Realidad: Todo suicida se encuentra en una situación ambivalente, es decir, con deseos de morir y de vivir. El método elegido para el suicidio no refleja los deseos de morir de quien lo utiliza, y proporcionarle otro de mayor letalidad es calificado como un delito de auxilio al suicida (ayudarlo a que lo cometa), penalizado en el Código Penal vigente.
5. Mito: El sujeto que se repone de una crisis suicida no corre peligro alguno de recaer.
Criterio equivocado que conduce a disminuir las medidas de observación estricta del sujeto y la evolución sistematizada del riesgo de suicidio.
Realidad: Casi la mitad de los que atravesaron por una crisis suicida y consumaron el suicidio, lo llevaron a cabo durante los tres primeros meses tras la crisis emocional, cuando todos creían que el peligro había pasado. Ocurre que cuando la persona mejora, sus movimientos se hacen más ágiles, está en condiciones de llevar a vías de hecho las ideas suicidas que aún persisten, y antes, debido a la inactividad e incapacidad de movimientos ágiles, no podía hacerlo.
6. Mito: Todo el que intenta el suicidio estará en ese peligro toda la vida.
Criterio equivocado que intenta justificar la sobreprotección hacia el individuo en algunos casos y el estigma o rechazo por temor a que se repita.
Realidad: Entre el 1 % y el 2 % de los que intentan el suicidio lo logran durante el primer año después del intento y entre el 10 al 20 % lo consumarán en el resto de sus vidas. Una crisis suicida dura horas, días, ra­ramente semanas, por lo que es importante reconocerla para su prevención.
7. Mito: Todo el que se suicida está deprimido.
Criterio equivocado que tiende a hacer sinónimo el suicidio y la depresión, lo cual no se ajusta a la estricta evidencia.
8. Mito: Todo el que se suicida es un enfermo mental.
Criterio equivocado que intenta hacer sinónimo el suicidio y la enfermedad mental.
Realidad: Los enfermos mentales se suicidan con mayor frecuencia que la población en general, pero no necesariamente hay que padecer un trastorno mental para hacerlo. Pero no caben dudas de que todo suicida es una persona que sufre.
9. Mito: El suicidio se hereda.
Criterio equivocado que tiende al nihilismo terapéutico, pues se cree erróneamente que lo que esta determinado por la herencia es imposible modificarlo.
Realidad: No está demostrado que el suicidio se herede, aunque se puedan encontrar varios miembros de una misma familia que hayan terminado sus vidas por suicidio. En estos casos lo heredado es la predisposición a padecer determinada enfermedad mental en la cual el suicidio es un síntoma principal, como por ejemplo, los trastornos afectivos y las esquizo­frenias.
10. Mito: El suicidio no puede ser prevenido pues ocurre por impulso.
Criterio equivocado que limita las acciones preventivas pues si ocurre de esta manera es imposible pronosticarlo y por tanto prevenirlo. Invita a la inercia terapéutica.
Realidad: Toda persona antes de cometer un suicidio evidencia una serie de síntomas que han sido definidos como Síndrome Presuicidal, consistente en constricción de los sentimientos y el intelecto, inhibición de la agresividad, la cual ya no es dirigida hacia otras personas reservándola para sí, y la existencia de fantasías suicidas, todo lo que puede ser detectado a su debido tiempo y evitar se lleven a cabo sus propósitos.
11. Mito: Al hablar sobre el suicidio con una persona en este riesgo se le puede incitar a que lo realice.
Criterio equivocado que infunde temor para abordar la temática del suicidio en quienes están en riesgo de cometerlo.
Realidad: Está demostrado que hablar sobre el suicidio con una persona en tal riesgo en vez de incitar, provocar o introducir en su cabeza esa idea, reduce el peligro de cometerlo y puede ser la única posibilidad que ofrezca el sujeto para el análisis de sus propósitos autodestructivos.
12. Mito: El acercarse a una persona en crisis suicida sin la debida preparación para ello, sólo mediante el sentido común, es perjudicial y se pierde el tiempo para su abordaje adecuado.
Criterio equivocado que intenta limitar la participación de voluntarios en la prevención del suicidio.
Realidad: Si el sentido común nos hace asumir una postura de paciente y atenta escucha, con reales deseos de ayudar al sujeto en crisis a encontrar otras soluciones que no sean el suicidio, se habrá iniciado la prevención.
13. Mito: Sólo los psiquiatras pueden prevenir el suicidio.
Criterio equivocado que pretende constituir la prevención del suicidio en un feudo de los psiquiatras.
Realidad: Es cierto que los psiquiatras son profesionales experimentados en la detección del riesgo de suicidio y su manejo, pero no son los únicos que pueden prevenirlo. Cualquiera interesado en auxiliar a este tipo de personas puede ser un valioso colaborador en su prevención.
14. Mito. Los que intentan el suicidio y los que se suicidan son individuos peligrosos, pues igual que intentan contra si mismo pueden intentar contra los demás.
Criterio equivocado que tiende a generar temor al enfrentamiento a este tipo de individuos.
Realidad: Es homicidio es un acto que generalmente no se acompaña de suicidio en quienes lo realizan, por tratarse en la generalidad de los casos de un acto heteroagresivo. El suicidio, por lo general es un acto autoagresivo, en el que los impulsos destructivos el sujeto los vierte contra si mismo, incluso el suicidio se consideró el homicidio de si mismo.
Existen ocasiones en las que el suicida, antes de morir, mata a otros que no desean morir, como en el llamado suicidio ampliado en depresiones con síntomas psicóticos y en dramas pasionales en los que el homicida- suicida presenta un trastorno mental generalmente del espectro depresivo.
15. Mito: El tema del suicidio debe ser tratado con cautela por los problemas sociopolíticos que ocasiona.
Criterio equivocado que limita la investigación, abordaje y prevención de esta causa de muerte evitable y que denota un desconocimiento prejuiciado del tema por quien lo esgrime.
Realidad: El tema del suicidio debe ser tratado de igual forma que otras causas de muerte, evitando las noticias sensacionalistas y aquellos manejos que provoquen la imitación de esa conducta. Por otra parte, el suicidio es una forma de morir que se observa en países de regímenes socioeconómicos diferentes, desde los muy desarrollados hasta los que apenas tienen recursos, pues responde a factores diversos, como son los biológicos, psicológicos, sociales, psiquiátricos, existenciales, etc.
16. Mito: Una persona que se va a suicidar no emite señales de lo que va a hacer
Criterio equivocado que pretende desconocer las manifestaciones prodrómicas del suicidio.
Realidad: Todo el que se suicida expresó con palabras, amenazas, gestos o cambios de conducta lo que ocurriría.
17. Mito: El suicida desea morir
Criterio equivocado que pretende justificar la muerte por suicidio de quienes lo cometen y por tanto tarde o temprano lo llevara a cabo.
Realidad.- El suicida está ambivalente, es decir desea morir si su vida continúa de la misma manera y desea vivir si se produjeran pequeños cambios en ella. Si se diagnostica oportunamente esta ambivalencia se puede inclinar la balanza hacia la opción de la vida.
18. Mito: El que intenta el suicidio es un cobarde
Criterio equivocado que pretende evitar el suicidio equiparándolo con una cualidad negativa de la personalidad.
Realidad: Los que intentan el suicidio no son cobardes sino personas que sufren.
19. Mito: El que intenta el suicidio es un valiente
Criterio equivocado que pretende equiparar el suicidio con una cualidad positiva de la personalidad lo cual entorpece su prevención pues lo justifica haciéndolo sinónimo de un atributo imitable y que todos desean poseer como es el valor.
Realidad: Los que intentan el suicidio no son valientes ni cobardes, pues la valentía y la cobardía son atributos de la personalidad que no se cuantifican o miden según la cantidad de veces que usted se quita la vida o se la respeta.
20. Mito: Sólo los pobres se suicidan
Criterio equivocado que pretende hacer del suicidio un atributo de esta clase social, sin tener en consideración que es una causa democrática de muerte.
Realidad: Los pobres también pueden suicidarse aunque es más probable que mueran de enfermedades infectocontagiosas por sus condiciones de pobreza
21. Mito: Sólo los ricos se suicidan
Criterio equivocado que desconoce la posibilidad de que el suicidio se presente entre las capas más pobres de la sociedad.
Realidad: El suicidio es una causa de muerte que se observa con mayor frecuencia entre los habitantes de países desarrollados que en países en subdesarrollo, pero evidentemente los ricos no son los únicos que se suicidan.
22. Mito: Sólo los viejos se suicidan
Criterio equivocado que pretende evadir al suicidio como causa de muerte en las edades tempranas de la vida, como son los niños y adolescentes.
Realidad: Los ancianos realizan menos intentos de autodestrucción que los jóvenes y utilizan métodos mortales al intentarlo, lo cual conlleva al suicidio con mas frecuencia.
23. Mito: Los niños no se suicidan
Criterio equivocado que intenta negar la triste realidad del suicidio infantil.
Realidad: Después que un niño adquiere el concepto de muerte puede cometer suicidio y de hecho ocurre este acto a estas edades.
24. Mito: Si se reta un suicida no lo realiza.
Criterio equivocado que pretende probar fuerzas con el sujeto en crisis suicida, desconociendo el peligro que significa su vulnerabilidad.
Realidad: Retar al suicida es un acto irresponsable pues se está frente a una persona vulnerable en situación de crisis cuyos mecanismos de adaptación han fracasado, predominando precisamente los deseos de autodestruirse.
25. Mito: Cuando una depresión grave mejora ya no hay riesgo de suicidio
Criterio equivocado que ha costado no pocas vidas, pues desconoce que en los deprimidos suicidas el componente motor mejora primero que el componente ideático.
Realidad: Casi la mitad de los que atravesaron por una crisis suicida y consumaron el suicidio, lo llevaron a cabo durante los tres primeros meses tras la crisis emocional, cuando todos creían que el peligro había pasado. Ocurre que cuando la persona mejora, sus movimientos se hacen más ágiles, está en condiciones de llevar a vías de hecho las ideas suicidas que aún persisten, y antes, debido a la inactividad e incapacidad de movimientos ágiles, no podía hacerlo.
26. Mito: Los medios de comunicación no pueden contribuir a la prevención del suicidio.
Criterio equivocado que pretende continuar emitiendo noticias sensacionalistas con el objetivo primordial de vender, sin tener en cuenta las consecuencias del mensaje emitido.
Realidad: Los medios de comunicación pueden convertirse en un valioso aliado en la prevención del suicidio si enfocan correctamente la noticia sobre el tema y cumplen las siguientes sugerencias de los suicidólogos sobre como difundirlas.

Signos de alarma de una crisis suicida

Entre estos signos de alarma se encuentran los siguientes: Llanto inconsolable, tendencia al aislamiento, las amenazas suicidas, deseos de morir, desesperanza, súbitos cambios de conducta, afectos y hábitos, aislamiento, conductas inusuales,  consumo excesivo de alcohol o drogas, realizar notas de despedidas, etc.

Los grupos de riesgo suicida son los siguientes

  • Personas deprimidas
  • Personas que tienen ideas suicidas o amenazan con el suicidio
  • Personas que hayan realizado un intento suicida previamente
  • Personas en situaciones de crisis
  • Sobrevivientes o familiares del suicida
Medidas sencillas para saber que hacer en caso de detectar a una persona con riesgo de suicidio:
  • Preguntar siempre a la persona en situación de riesgo suicida si ha pensado en el suicidio.
  • Si la respuesta es afirmativa, evitar el acceso a cualquier método que pueda dañarlo.
  • Nunca dejarlo a solas mientras persistan las ideas suicidas.
  • Avisar a otras personas significativas para el sujeto que contribuyan a evitar la ocurrencia de un acto suicida.
  • Acercarlo a las fuentes de salud a recibir atención especializada.

Conclusiones

Los mitos sobre el suicidio, el suicida y los que intentan el suicidio, constituyen obstáculos para la prevención de dicha conducta por lo que se impone que sean divulgados y junto a ellos los criterios científicos para que la población tenga más recursos para enfrentar a los individuos en riesgo.
Autor.- Prof. Dr. Sergio A. Pérez Barrero
Presidente de la Sección de Suicidiologia de la Sociedad Cubana de Psiquiatría.
Fundador de la Sección de Suicidiologia de la Asociación Mundial de Psiquiatría
https://www.psicoactiva.com/blog/26-mitos-suicidio/

5 de mayo de 2018

Educación en Valores - La necesidad de los valores

Educación en Valores

La Ética y la Moral
El término ética y moral provienen de la misma palabra, pero de diferentes lenguas. La primera ethos es de origen griego y significa costumbre. AL igual que el termino latino mor-moris que origina el termino moral. La traducción etimológica de ambos termino seria la ciencia de las costumbres.
Su evolución posterior ha llevado a cada término a referir significados distintos aunque relacionados. La moral se plantea como el conjunto de juicios relativos al bien y al mal, destinados a dirigir la conducta de los humanos. Es como una guía que nos orienta sobre el camino a seguir, dirige nuestras acciones en una determinada dirección.
Estos juicios han de concretarse en normas de comportamiento que, adquiridas por cada individuo, regulan sus actos, su práctica diaria. El grado de implicación por parte de cada individuo de la sociedad retroalimenta el impacto de dichas leyes sobre dicha cultura.
 Así un comportamiento es moralmente aceptable cuando se ajusta satisfactoriamente a lo prescrito por un conjunto de normas o bien llamado un código moral. De esto se puede deducir el carácter fundamental de la moral: la imposición. La norma moral obliga un comportamiento al individuo, cuya desobediencia implica una desvalorización moral, y su obediencia un enriquecimiento.
La ética queda reservado para estudiar la conducta moral desde un punto de vista racional tal como se estudia en la filosofía o en la teología. Observando las pautas morales de los individuos y grupos e intentando enunciar principios generales que puedan apoyar teorías sobre la legitimidad de los diversos hábitos de comportamiento.
En definitiva la ética es la teoría explicativa de la moral. Como no existe una moral universalmente aceptada, será la ética quien compare y explique los diferentes factores sociales o religiosos que dan lugar a distintos sistemas morales. La ética es una teoría objetiva de la moral, mientras que ésta será  un sistema subjetivo de normas.

Cumplo una promesa hecha ayer pese a que hoy me doy cuenta de que su cumplimiento me crea problemas.Razonamos que los pactos han de cumplir siempre, del contrario, en lugar de acuerdos entre amigos, tendríamos que hacer contratos legales.
Ayudo voluntariamente a un compañero de clase si bien me arriesgo a herir su orgullo.Me pregunto sobre qué tiene más valor moral, la intención que inspira un acto o los resultados que con él se obtienen.
Decido si tengo que ser o no sincero con un compañero de clase que parece quiere ser amigo mío.Reflexiono sobre valores, preguntándome si el valor de la autenticidad es preferible el valor de la amistad.
Rechazo robar la calculadora de un compañero de clase sabiendo que nadie me ve.Tengo presente la máxima o regla de oro: "No hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti".
    Fuente: http://www.xtec.es/
Los filósofos han intentado determinar la bondad en la conducta de acuerdo con dos principios fundamentales y han considerado algunos tipos de conducta buenos en sí mismos o buenos porque se adaptan a un modelo moral concreto. El primero implica un valor final o summum bonum, deseable en sí mismo y no sólo como un medio para alcanzar un fin. En la historia de la ética hay tres modelos de conducta principales, cada uno de los cuales ha sido propuesto por varios grupos o individuos como el bien más elevado: la felicidad o placer; el deber, la virtud o la obligación y la perfección, el más completo desarrollo de las potencialidades humanas. Dependiendo del marco social, la autoridad invocada para una buena conducta es la voluntad de una deidad, el modelo de la naturaleza o el dominio de la razón. Cuando la voluntad de una deidad es la autoridad, la obediencia a los mandamientos divinos o a los textos bíblicos supone la pauta de conducta aceptada. Si el modelo de autoridad es la naturaleza, la pauta es la conformidad con las cualidades atribuidas a la naturaleza humana. Cuando rige la razón, se espera que la conducta moral resulte del pensamiento racional.
El tercer elemento constitutivo de la moralidad es la norma o ley. Si ni la libertad ni la conciencia crean los valores éticos, ¿de dónde deriva la objetividad de las acciones buenas y malas? ¿Cómo se originan el bien y el mal morales? El mal moral tuvo lugar en el hecho de que la pareja humana quebrantase la norma que Dios les había dado: no debéis comer del árbol de la ciencia del bien y del mal (Gen 2,17). El hombre, a pesar de su dignidad, es un ser frágil. Y, para protegerse y custodiar su libertad, Dios dispone unas normas. El hombre ejecuta el bien cuando cumple.
La Revelación enseña que el poder de decidir sobre el bien y el mal no pertenece al hombre, sino sólo a Dios. El hombre es ciertamente libre, desde el monto en que puede comprender y acoger los mandamientos de Dios.
En realidad, la libertad del hombre encuentra su verdadera y plena realización en esa aceptación. Dios, que sólo El es Bueno, conoce perfectamente lo que es bueno para el hombre, y en virtud de su mismo amor se lo propone en los mandamientos. La ley de Dios, pues, no atenúa ni elimina la libertad del hombre, al contrario, la garantiza y la promueve (VS,35). 

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Los valores y actitudes
En términos generales, valor es la cualidad por la que un ser, una cosa o un hecho despierta mayor menor aprecio, admiración o estima. Es decir, un valor nos indica la importancia, significación o eficacia de algo. Los valores morales son principios con respecto a los cuales las personas sienten un fuerte compromiso emocional y lo emplean para juzgar lo adecuado de las conductas propias y ajenas.
Los valores no existen en abstracto sino que se depositan en algo a lo que se le da un valor, ya sean objetos o personas. Los valores influyen en nuestra forma de pensar, en nuestros sentimientos y formas de comportarnos. Están ligados a la Historia y a la cultura en  que se vive. También a cada individuo y el contexto en el que vive.
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Los valores suponen un compromiso real y profundo de la persona ante si misma y ante la sociedad en que vive. Los valores se proyectan a través de actitudes y acciones ante personas y situaciones concretas.
En nuestra cultura actual podemos identificar diversos valores comúnmente aceptados y que posibilitan la existencia de una sociedad más justa y democrática (la libertad, la equidad, la justicia, la igualdad, la solidaridad, etc.)
Un concepto importante y estrechamente ligado a los valores es el de actitud o tendencias a disposiciones adquiridas que predisponen a personas de un modo determinado un objeto, persona, suceso o situación y actúa conscientemente a ello. Uno de estos es la opinión que es la manifestación pública, por lo general verbalizada, de un sentimiento o creencia. Expresa un valor a una actitud. 

Javier Miravalles
http://www.javiermiravalles.es/EV/La%20etica%20y%20la%20moral.html